Eran las 4:45 de la mañana, el sol aún no aparecía por ningún lado, las casas pasaban de los rumores nocturnos, los ronquidos y respiraciones profundas, alguno que otro estertor amoroso o un llanto preocupado a los sonidos característicos de la mañana, el choque de sartenes, huevos, tenedores, silbidos de cafeteras y el crepitar romántico del fuego debajo del agua, la olla de frijoles o el comal preparándose para las tortillas recién paloteadas, alguna quesadilla o un tamal recalentado que, dicen, tatemado un poco sabe mejor. Mi fiebre nocturna iba cediendo junto con la noche. Sentía el cataplasma que mamá me puso sobre la frente, el cuerpo trémulo de dolor, empapado en sudores crónicos de días y días sin dormir ni dejar dormir, había caído junto con alguno de mis hermanos en la epidemia de fiebres mortales. Lo único que permitió que sobreviviera era la curiosidad infantil ¿a dónde miran los girasoles cuando es de noche? Creo que lo que nos sostiene a la vida sigue siendo igual de trascendental y absurdo. Creo que la vida sigue siendo frágil. Creo que La muerte sigue siendo solo un parpadeo entre episodios de vida. La eternidad sigue palpitando desde el fondo de la consciencia. Vivo, sigo vivo.
sábado, 5 de marzo de 2022
Vivo
Eran las 4:45 de la mañana, el sol aún no aparecía por ningún lado, las casas pasaban de los rumores nocturnos, los ronquidos y respiraciones profundas, alguno que otro estertor amoroso o un llanto preocupado a los sonidos característicos de la mañana, el choque de sartenes, huevos, tenedores, silbidos de cafeteras y el crepitar romántico del fuego debajo del agua, la olla de frijoles o el comal preparándose para las tortillas recién paloteadas, alguna quesadilla o un tamal recalentado que, dicen, tatemado un poco sabe mejor. Mi fiebre nocturna iba cediendo junto con la noche. Sentía el cataplasma que mamá me puso sobre la frente, el cuerpo trémulo de dolor, empapado en sudores crónicos de días y días sin dormir ni dejar dormir, había caído junto con alguno de mis hermanos en la epidemia de fiebres mortales. Lo único que permitió que sobreviviera era la curiosidad infantil ¿a dónde miran los girasoles cuando es de noche? Creo que lo que nos sostiene a la vida sigue siendo igual de trascendental y absurdo. Creo que la vida sigue siendo frágil. Creo que La muerte sigue siendo solo un parpadeo entre episodios de vida. La eternidad sigue palpitando desde el fondo de la consciencia. Vivo, sigo vivo.
Jarrito
Jarrito de Barro
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