lunes, 12 de febrero de 2024

K

Pienso en ti, constantemente. En las mañanas echo de menos tu cuerpo junto al mío. La cafetera se queda con la mitad del agua sin usar. El batido de huevo con espinacas y jamón de pavo es demasiado para uno. Pero sigo llenando la jarra de la cafetera a tope y sigo cocinando para dos. El calentador de agua trabaja mucho menos que cuando vivías conmigo, yo uso el agua bastante más fría que tú. El coach del box me nota mucho más furioso que cuando empezamos esto de dar de golpes al costal. Odiaría desatarme contra el sparring y descontrolarme hasta sangrar. Por fortuna, el peso de los guantes, el cambio de guardia, lanzar golpes y brincar sin parar cansa. Echo de menos tu cuerpo junto al mío en la bañera, en la butaca de junto cuando voy al cine, en el asiento del pasajero en el coche, abrazado a mí cuando manejo la moto por la ciudad. El sábado fui hasta Santo Domingo, subí las escaleras de la iglesia y vi desde ahí la ciudad, Santa Eulalia, los cerros. Escuché el susurrar del viento en mis oídos, dejé que el frío entrar por las aberturas entre los botones, en las heridas que me dejó tu ausencia. ¿Cerrarán algún día?
Lo peor de todo es la demencia que me inunda, no sé a quién extraño: a la que eras, la que eres o a la que yo creé en mi imaginación, igual de inaccesible como las demás.
Es domingo, día de sexo y panqueques. Contra toda rutina, hoy tomé la moto y fui a El Fresno, a escribir palabras que le robo al viento, a sus murmuraciones entre la hojarasca y los tallos de  ocotillo, el ruido de la carretera y las nubes que galopan el claro cielo de Chihuahua.
Sí te extraño, K, y te encuentro en los ojos de M, en la sonrisa de L, en los senos de C, en la cadera de E, en el aroma almizclado de I, en la cabellera de J, en las manos hábiles de A, en la voz aterciopelada, mezcla de bourbon y seda de L. Y aquí me tienes, en domingo, visitando lugares santos y escuchando pláticas privadas en vez de comer panqueques y hacerte el amor como cuando fuimos a Mazatlán a comer pescado zarandeado y reías como una niña mientras deshacías la belleza del plato con glotonería y gozo.

viernes, 9 de febrero de 2024

La Chuyita

Un día como hoy la Chuyita, mi madre, dejó los terrenos tridimensionales de la manifestación energética, las vibraciones atómicas visibles y el estado sólido se la materia, su espíritu regresó a las regiones en que los ojos no sirven para ver, ni los oídos para oír. Allá, la vida no es está vida y la existencia no se parece nada a esta existencia de pertenencia codependencia, entretejido social, individual, comunitario, único. Se fue, por un camino trazado cuidadosamente. Tuvo la prudencia de dejarnos a todos adultos, incluso a don Nacho, mi padre, lo suficiente para bastarnos con independencia. En las regiones del espíritu no existe la muerte, allá el amor es eterno, para nuestro frágil siempre, es un continuo pulsar de olas blancas y serenas. No hay turbulencia, solo la dulce brisa crepuscular de una tarde desfalleciente de junio en El Maviri. Si no conoce, vaya. Si quieres, vamos juntos. La Chuyita descansa en la región más transparente de mis pensamientos y vive en cada uno de mis latidos, suyos, nuestros

martes, 6 de febrero de 2024

Soy

Es verdad, tras la puerta, el mundo es más grande que mi cuarto y mi sala y mi cocina. Hay grandes extensiones vacías de mí, no estoy ahí, no estoy en el cielo, ni en el perfume del bosque, ni en el susurro indiscreto del desierto, ni en el canto de las aves, no viajo con las nubes arrastradas por el viento, no estoy en la montaña imponente de escarpados límites que anhelan tocar el tisú celestial. No estoy ahí, no respiro aires agitados y llenos de brisa marina, no toco aguas recién salidas de las entrañas terrenas, mis pies no dejan huellas y ausencias por el campo bruto ni por caminos milenarios que sherpas o tamemes o famuli han trazado con el peso de sus cuerpos hercúleos bajo pesos infinitos. Estoy en mi cama, leyendo, asombrado de la cantidad de mar que no he explorado, los miles de animales que no conozco, la variedad de cuerpos célestes que ignoro. Ahí están, existen y transcurren su vida junto a mi, de algunos, me llega prueba de existencia cuando su ser, su manifestación ha transmutado. Soy

lunes, 5 de febrero de 2024

Aquí donde no estás

Aquí donde estoy, no estás, en derredor mío, el aire, las nubes, la luz del sol que apenas aparece por el horizonte, el canto de las aves que corean la llegada del astro rey, un pequeño rey local sobre el entramado galáctico. Dentro de mí, un espíritu indómito, rugiendo solapadamente con la amenaza de destrozar todo aquello que se interponga entre él y sus deseos; tambien frustrado ante el dragón invisible, un muro infranqueable, que vigila el tesoro de esa otra presencia deseada, de ese dulce sonar de la vida entre, sobre, debajo, alrededor de la vida. Aquí, en la cima del mundo, de este mundo, de mi pequeño mundo, las estrellas me hablan con sonidos traducidos en luz y yo solo alcanzo a traducirlos a sonidos que encuentro en el piano, en largas u y a (¿cómo se dice el plural de u y de a?) que se entretejen formando acordes suspendidos en la bruma matinal, que te abrazan, que te acarician. Aquí donde estoy no estás, o tal vez sí, tan dentro que no me puedo escapar de ti, ni lo intento. Eres mi voz, mi sonar 

domingo, 4 de febrero de 2024

El amor de mi vida

He aquí el amor de mi vida. Sus grandes ojos, su sonrisa, su candor, su ilusión de estar vivo, su testarudez, su risa. Crece todos los días y va descubriendo el universo y las dinámicas del mundo. Ya va a salir de su 9o grado, otros muchachos lo saludan cuando lo dejo en la escuela, o al recogerlo, se despiden de él por su nombre, incluso, algunos han chocado el puño conmigo, el papá cool, eso dijeron, supongo que porque voy en moto. El amor de mi vida tiene sueños, ilusiones y el deseo de ir hacia adelante, no sé a dónde. El misterio de su vida me fascina y aterra. La vida es muy grande, el mundo demasiado pequeño, el universo un grano de arena. El amor de mi vida, mi niño, es mi latir del corazón, el empuje de mis pasos, la alegría de mis desayunos.

Jarrito

Jarrito de Barro

 "Todo cabe en un jarrito, sabiéndolo acomodar" Ella tiene la piel morena, los ojos grandes, grande la sonrisa, el cabello largo y...