"Todo cabe en un jarrito, sabiéndolo acomodar"Ella tiene la piel morena, los ojos grandes, grande la sonrisa, el cabello largo y rebelde, como gatuños enredados en sí mismos, esas plantas que, desprendidas de la tierra, recorren las planicies desérticas del Norte de México, "rodadoras" les dicen.
Si resulta que mi hablar de otros es en realidad un hablar de mí, aquí va la exposición más íntima de mi corazón, hablando precisamente de ella, la persona que más me fascina y la que más me intriga y desespera con sus actos contradictorios. Hablar de ella, entonces, es hablar de mí. Hablemos de mí, sólo para variar.
He llegado de milagro a este punto de mi vida. Nací. Crecí entre muchos hermanos, con todas las oportunidades de desarrollo de creatividad que las carencias económicas dan. Aprendí a hacer mandados y leer y contar desde muy chico, para ir de casa en casa de las vecinas preguntando quién necesitaba que le trajera algo de la tienda, sobre todo las tortillas.
Crecí observando cómo algunas personas se encuentran con otras, como si un lazo mágico las uniera. Se buscan, se tratan, se enamoran y se pierden a sí mismas en un enlace alquímico de reacciones imprevistas. El amor, en tanto abismo, es inmenso, y sus consecuencias son tan amplias como improbables. Y aun así se dan, existen, palpitan.
Vi cómo mis amigos de la secundaria se emparejaban, peleaban, desemparejaban y volvían a emparejar. Yo, me enamoraba de alguna compañera de ojos grandes que, tras algunas semanas siempre terminaba diciéndome que me quería mucho pero como amigos. -En secreto, aquí, sin que nadie lo mire, les diré que la historia sigue siendo la misma ahora que estoy desemparejado-
En mí creció una nostalgia por esa persona de ojos grandes, boca generosa y voluntad dispuesta que me acompañara a vivir mis días. Como dice Mario, Me gustaría pasar el resto de mis días con alguien que no me necesite para nada pero me quiera para todo, y el todo de estos días incluye las comidas, litros y litros de café, horas de películas y la rutina de vernos a diario, descubrirnos maníacos con el asunto de dónde sonarse los mocos, de dónde aplastar el tubo de la pasta de dientes, dónde dejar los zapatos, la ropa sucia, los dilemas de a quién le toca sacar hoy la basura, cuando ya hemos construido una rutina para nuestro deleite, nuestros dolores, nuestras bebidas y comidas, nuestra basura -la física y la emocional-
He sido afortunado. La vida me ha puesto en coincidencia con personas maravillosas que me han hecho crecer y entender que no tengo por qué entenderlo todo. Que la justicia, como yo la veo, no va a llegar nunca pero eso no me impide seguir viviendo el principio ético de dejar que cada uno decida lo que quiere creer de mí o vivir y compartir conmigo.
Tengo la suerte de amar profundamente a las personas que amo: mi familia, mis amigos y ya, la lista no es muy larga, pero el sentimiento es profundo y emana como de una fuente inagotable, porque he entendido que el amor no es un producto del corazón sino que UNO ES AMOR
¿Será que algún día este sentimiento sea correspondido? No importa, no lo podemos saber, depende de otras voluntades no de la mía. ¿Será que algún día la persona cuya presencia mis latidos requieren se de cuenta de ello y venga a mi lado? No importa, no lo podemos saber, depende de su voluntad. ¿Es un desperdicio de amor amar sin correspondencia? Claro que no. A diferencia de otras actividades humanas, el amor no se da para obtener beneficio alguno.
Siguiendo el ejemplo de los dioses, que son dioses por sí mismos con independencia de la conciencia humana y su consecuente veneración, el ideal del comportamiento humano es la imitación de ese dios que da y da y da y da desde una fuente inagotable del Ser -De un Yo Interior o un Yo Superior de energía divina- Uno podría dar sin vaciar el amor interior porque uno es amor, por desgracia, nuestra humanidad requiere reciprocidad, exige respuesta, pero el Yo Divino es más alto, ancho, profundo y largo que nuestro pequeño yo egoísta. Podemos amar más allá del dolor, del placer y de la complacencia del ego. Podemos amar más allá del olvido. Podemos amar eternamente.