I
ngrávido, floto sin rumbo sacando apenas la nariz sobre la superficie, respirando el cielo, con el oído convertido en ondas, con manos y piernas inertes, impotentes para asirse de la nada. Aquí, el mundo está suspendido. Por más que mi deseo empuje hacia donde quiero llegar, la vida sigue igual, sin prisa alguna, a pesar de mí o para mí fortuna.
Palpito sin mediar razones, vida que llega, vida que se aleja, atravesando el dolor y el gozo, a través de lágrimas y carcajadas, mi ocupación única es latir, permitirle al universo manifestar su colorida variedad en mi existencia, en este instante de luz y conciencia que soy, la energía que mueve mis dedos, el hálito que anima mis carnes. Tras la apariencia está dios, oculto a plena vista, mientras yo transmuto, de sueño en sueño al sueño de la Muerte.
Inerte, floto inmóvil mientras la respiración se agita como flama al viento, casi extinguiéndose, mientras la conciencia se abandona a la oscuridad de lo desconocido, detrás del velo, mientras abraza el olvido eterno