¿A qué viniste al mundo? ¿Cuál es tu propósito de vida? Me preguntabas mientras mi brazo hacía un arco detrás de tu espalda desnuda y mis dedos acariciaban tu oreja, tus ojos brillantes, de un café brutalmente feliz, casi _mocca,_ no disimulaban ni un poco lo irrelevante de la pregunta ni la importancia de la respuesta, de seguirte el juego propuesto sin dejar caer esa burbuja de burla, libertad, condición, búsqueda de complicidad e ingenio, de inteligencia compartida. Vine, te dije, a intercambiar caricias contigo, por cada beso tuyo, diez míos; por cada roce de los dedos tuyo, siete de los míos; por cada mirada tuya, una miríada de miradas mías, que van desde anhelarte de lejos a ahogarme en la profundidad de tus negros ojos mientras mi piel, ajada de la aspereza del mundo, persigue la suavidad de tu cadera, la humedad de tus labios, la oquedad de complaciente bienvenida a mis viriles rijos. Vine, a acompañar tu mañana con mis sueños, mi querer transformar el mundo inventando mundos nuevos, aquí, contigo.
viernes, 26 de enero de 2024
domingo, 21 de enero de 2024
Un domingo de invierno
Tengo una amiga que ama los girasoles, yo amo a mi amiga, somos amigos desde la secundaria. Considerando que entramos a secundaria en 1985 y escribo esto en enero de 2024, hemos sido amigos por miles de años, o mis matemáticas están algo torcidas, para decepción de mi maestro y padrino Alfonso. Miles de años, según sé el corazón sí los puede vivir en una sola vida. Es como cuando amamos y el tiempo pasa rápido, cuando sentimos dolor y el tiempo escurre lento, como gota de clara de huevo batida que se condensa. Aún así, mi amiga que ama los girasoles vive en un paraíso de ciudad, donde nací, dónde quiero morir, un día cualquiera, un domingo de invierno.
Siendo niños
Pienso que todo se puede resolver siendo adultos, pero se resuelve más amorosamente siendo como niños.
De mi corazón al suyo, corazones, yo les deseo amor,
de ese que arrebata el aliento,
de ese que da la paz,
de ese que alborota la hormona,
de ese que santifica la verdad,
de ese que promete permanecer junto a ti toda la vida,
de ese que cumple esa promesa,
de ese amor que se entrega todo,
de ese que sacrifica el egoísmo, que destruye la desconfianza,
de ese que llena la vida de la presencia de ese Dios ante el que se jura amar y respetar, estar juntos en la salud y en la enfermedad, ser fieles en lo próspero y en lo adverso, aunque en ocasiones, lo adverso no está afuera sino dentro de la pareja.
Gracias, Dios, tú, en cuyas invisibles manos pongo mi maltrecha existencia, mi cuerpo frágil, mi poesía, mi música, mi pasión por enseñar, gracias por haberme enseñado del amor en manos de personas tan generosas, francas, decididas, valientes.
Gracias por mi madre, mi padre, mi nana Toña, mis hermanos y hermanas, cada uno de los niños pero en especial, aquellos que murieron siendo niños Hanna, Yamileth, Alejandra, Susana; gracias por Pierre, Yadira, Jared, Caleb, Rebeca, Jesús, Edilberto, Claudia, Marisol, Alta Gracia, Marisela, Alex, Dionisio, Raúl, Marco, Daniela, Rafael, Omar, Luis...
Gracias por los que amo.
Gracias por los que me aman.
Gracias por la lucha diaria, por el amor con que despliegas amorosamente tu luz.
Hay hombres y mujeres mejores que yo.
Mi único trabajo es enseñar a mi hijo a ser humano en este mundo que te arranca la humanidad a mordidas. Mi único trabajo es ser ejemplo de él. Mi único trabajo es nacer cada día para él, la mujer que amo, carne de mi carne, inspiración de mis musas. Mi único trabajo es ser poeta. Mi único trabajo es vivir
De vicios y visiones
De vicios y visiones tengo llena la vida. Me levanto con curiosidad por ver qué sorpresas me tiene la rutina. Hay lunes de cine en que la fila para comprar boletos y palomitas me ofrece historias mágicas: la pareja que se está conociendo, encontrándose los puntos en común, acariciando sus diferencias; la familia que disfruta su tarde libre, la organización de presupuesto y la división de palomitas y refresco entre cuatro; los que vamos al cine porque nos gusta el cine, su ilusión, las maneras de contar la misma historia una y mil veces. Los martes de tacos, en cambio, las sorpresas están un poco limitadas, o son de verduras o son de carnes, pescado, res, cerdo, pollo, camarón, nada exótico como venado, jabalí, cocodrilo, chapulines. Sin embargo hay algo reconfortante en los martes de tacos, son martes de tacos, y su abanico de posibilidades es muy amplio. Estoy enviciado con la vida. Amo el pulso de mi corazón, arrítmico y todo, cuando medito en las mañanas, cuando me emociono, cuando me entrego a ser y ya
viernes, 19 de enero de 2024
Entre libros y recuerdos
Me quedé con el libro que me prestaste porque es lo único que me quedaba de ti. No tenía más recuerdos. La dislexia no perdona, el teléfono que escribí y el que leí y el que marqué no eran el mismo, de modo que nunca te encontré de nuevo. Me casé. Tuve un par de críos, tres o cuatro amores después del divorcio, cuatro cirugías, un infarto y un descarado y sensual aumento de peso. Soy más hombre, uno más masivo, 16 por ciento, para ser preciso, 87 kilos de torque y un IMC que no es Instituto Municipal de Cultura. Divago. Ese libro, que hoy te entrego, lleva días de mis pensares y trazar y borronear y volver a trazar y definir y difuminar y colorear tanto con palabras como con grafito y ceras de color. Hice un cuaderno con poemas y dibujos para ti, porque siento que eres especial, única e irrepetible antes, durante y después de saber que cada uno de nosotros es único, irrepetible y especial. Mis poemas no dicen mucho de ti sino de cómo me siento yo contigo. Igual los dibujos. Tal vez no debiera darte el cuaderno, habla más de mi que de ti y ¿a quién le interesa el discurso egocéntrico de un enamorado no solicitado? La verdad no tengo referencia al respecto, nunca he sido objeto de amores indeseados, no que lo haya notado, suelo ser del tipo que se enamora de Scarlett Johansson y jamás se atreve a hablarle. Nada de amores no solicitados. Nada de aventuras extracorpóreas. Solo la dulce experiencia de vivir dentro de mi piel. Es la media noche. Mañana hablamos de esto.
lunes, 15 de enero de 2024
Huele a café
Huele a café, el mundo comienza a desvanecerse, me hundo en el perfume y la textura de la bebida. Afuera, el sol rompe entre algunos jirones de nube que se deshacen al despuntar la aurora. El amor de mi vida me mira tras el borde de su propia taza de café, con una sonrisa solapada en la mirada, sé que la amo. Ambos tenemos la mezcla de almizcles de domingo, besos, la noche anterior, que se escapa entre los pliegues de las pijamas, mitad abiertas, mitad no cerradas. Huele a café, el mundo allá afuera no existe.
domingo, 14 de enero de 2024
Para todo, café
Cuando niño, me despertaba el ruido que hacía la Chuy al iniciar las labores del día, el chorro de agua al caer en la olla para los frijoles; el rítmico golpeteo del cuchillo sobre la tabla al picar papas, tomates, cebolla, chile verde; el silbido del
pato al hervir el agua para el café y el intenso aroma del mismo cuando servía sendas tazas para ella, don Nacho, el Cerdo, la Negra -al parecer en casa tener dos nombres era un desperdicio si terminamos llamándonos por apodos- Toda mi infancia se puede recrear de manera musical y olfativa. Incluso, podría incluir la rechifla del viento huracanado en los cables de la luz, el crujir del maderamen de las casas vecinas y el gruñido previo a que se desprendieran las láminas galvanizadas del techo, arrancadas por ráfagas de más de cien kilómetros por hora. Con esto en los oídos y el olor a lluvia, lluvia interminable por días, el agua brotando de las alcantarillas o de nuestro propio drenaje, el olor de lodo bajo el lodo, de agua estancada y café, para todo, café
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Jarrito
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