jueves, 24 de abril de 2025

Donde estás


Pasas tanto tiempo en mi mente que apenas puedo creer que tengas vida donde se supone que estás cuando no estás aquí.

En la oscuridad de la madrugada, al despertar, tu pensamiento se desliza bajo la luz incipiente de la aurora. Hueles a arábiga, tostado medio, molido al instante. Tu sabor llena mi boca y tu calidez me abriga durante el día.

A la luz intensa, refractada miles de veces del sol de invierno, tu imagen se replica como arco iris en cada reflejo de cristal, metal bruñido, charco de agua. Estás aquí todo el tiempo.

Al caer la tarde, tu imagen se desliza con la misma fuerza con que un perfume invade el espacio.

Si vas a pasear todo el tiempo por mi cabeza, al menos ponte un cascabel, para no sentirme abrumado de ti, atacado por una mirada, una cadera que promete el paraíso, un par de labios que, dando la vida, matan.

domingo, 20 de abril de 2025

Bajo el manto de la Música


Aunque tengo mis años, no tengo mil cosas, me he ido deshaciendo de objetos antiguos, recuerdos de otros amores, evidencias de otros ayeres, lo que vale la pena conservarse está calado profundamente en el alma. 

Tal vez mi memoria se borre pero mis sensaciones permanecen ahí, dormidas, hasta que aparezca el ritmo adecuado, la armonía, el motivo de guitarra, piano, violín o trompeta, a despertar de nuevo el presente de entonces a la conciencia de ahora.

La consola en casa de mis papás se llenaba de música los domingos, después de misa de 7, incluyendo éxitos de Chayito Valdez, Mariachi Vargas, Camilo Sesto, José Luis Perales o Cepillín. Era 1977, yo era fan del payaso dentista que cantaba En un bosque de la China, Zocotroco y una canción donde el narrador le decía al niño Que no sabes de problemas, que no entiendes de dilemas, que no sabes qué es el mundo ni lo que es el mar profundo, yo lo sé, yo lo sé ¿Hasta qué punto era un "No te preocupes, sigue siendo niño" y hasta cuál era "La vida no es un carnaval"?

Tengo que incluir, por supuesto, a José José, Lupita D'Alessio, Luis Pérez Meza y los one hit wonder de The Ring "Savage Lover" y "Words" de F.R. David que eran lo más escuchado en esos días de esperar a que el domingo terminara.

Tengo un odio profundo por los domingos, claro. Es un día pesado. Misa a las 7 con don Nacho, misa a las 12 con la Orquesta y, a veces, otra a las 6.
En ocasiones, de la misma orquesta, íbamos al puerto a meternos al agua, sólo son 15 kilómetros de la ciudad a Topolobampo. O, de una vez, a las arenas suaves de la isla del Maviri. 

La consola, nos servía para escuchar el béisbol los fines de semana por la tarde, para poner música cuando alguno de nosotros cumplía años, para poner algún florero sobre esas carpetas tejidas que hacía doña Chuyita, la Cande o doña Toñita (mamá, tía, abuela) estás mujeres Robles que eran trabajadoras, ingeniosas y creativas como la que más, con un gusto por lo precioso que era admirable y buscado por las señoras alrededor de nosotros. De bien lejos venían a que doña Chuyita les confeccionara algún vestido, una falda, un pantalón. Como iniciaba la era Unisex, también se cosían blazers con grandes hombreras para las muchachas, blusones en tela de camiseta y camisetas de tirantes, casi transparentes, adecuadas como vestido (Esto lo hizo doña Chuyita para una prima con un modernísimo sentido de la moda)

La consola era el alma de la casa, de ahí emanaba la voz de el profe Elías (no recuerdo si de nombre o apellido) de la XEHS, Radio Ambiente, encargado de levantar a toda la chiquillada de la región del Valle del Fuerte desde las 6:30 de la mañana y casi hasta las 8, que era la hora en que entrábamos a la primaria, él incluído, con tan buena fortuna que su escuela estaba a dos calles de la estación de radio.

Desde siempre, en mis recuerdos, todas las actividades de la casa se realizaron bajo el manto de la música. Conforme fuimos creciendo, don Nacho se levantaba más temprano y nos ponía sus Brisas de Sinaloa, el club del Pájaro Madrugador, un programa con música de tambora de la de antes, no como la tambora que nos ha llegado al resto del país, producida para ser estruendosa, un remedo de la alegría dixie que dió origen a nuestra gloriosa música regional sinaloense.

El mundo sonoro del que me nutrí, construido por mis padres, tíos, abuela, hermanos mayores, maestros (Maria Eugenia, Alfonso, Jorge, Adolfo, Jacobo, Ramón, Jesús) tiene valses, pasodobles, canciones infantiles, música de varios folklores, ópera, zarzuela, teatro musical y muchas músicas del radio, de Led Zeppelin a Mecano, pasando por Lucha Villa y Filippa Giordano...

La vida es una cajita de cuerda que poco a poco va perdiendo el brío para este bailarín pero se mantiene resonando y penetrando en la vida de todos al mismo tiempo. 

Mi hijo escucha y toca Guns 'n Roses, Metallica y Caifanes, Maná o Mago de Oz, como si tuviera 40 años.

Nuestro universo se expande pero también se repite, como un canon, con simetría matemática, tal vez con intención divina.

sábado, 12 de abril de 2025

Ingrávido

I
ngrávido, floto sin rumbo sacando apenas la nariz sobre la superficie, respirando el cielo, con el oído convertido en ondas, con manos y piernas inertes, impotentes para asirse de la nada. Aquí, el mundo está suspendido. Por más que mi deseo empuje hacia donde quiero llegar, la vida sigue igual, sin prisa alguna, a pesar de mí o para mí fortuna.
Palpito sin mediar razones, vida que llega, vida que se aleja, atravesando el dolor y el gozo, a través de lágrimas y carcajadas, mi ocupación única es latir, permitirle al universo manifestar su colorida variedad en mi existencia, en este instante de luz y conciencia que soy, la energía que mueve mis dedos, el hálito que anima mis carnes. Tras la apariencia está dios, oculto a plena vista, mientras yo transmuto, de sueño en sueño al sueño de la Muerte. 
Inerte, floto inmóvil mientras la respiración se agita como flama al viento, casi extinguiéndose, mientras la conciencia se abandona a la oscuridad de lo desconocido, detrás del velo, mientras abraza el olvido eterno

martes, 1 de abril de 2025

A estas alturas

A estas alturas de mi vida, a punto de concluir un siglo azteca, soy más una colección de ayeres que una prospección de mañanas.

En el silencio de la madrugada abro los ojos y dejó entrar el día conforme se aparece cruzando la ventana. Detrás de las montañas que se perfilan allá, en la sierra de Navachiste, el oleaje calmo interfiere con el ruido mismo de mis pensamientos. Hasta que me concentro sólo en escuchar las olas golpeteando la playa, el susurro de la brisa, el graznido ocasional de alguna ave que surca el aire sin dejar huella.

Dejo de mí y de mis pensamientos una cantidad de hojas llenas de garabatos en las que vacío mi mente abrumada por las contradicciones diarias. Entre el quiero y el no quiero nada, entre el verde y el rojo, entre el no te vayas y el ven.

A estas alturas... no sé de dónde sacamos la idea de que estar más viejo es estar a una mayor altura ¿la senectud nos acerca a otros estadios del espíritu que mi carencia de fe me impide ver? No sé y no importa. Al final el olvido nos abraza

Jarrito

Jarrito de Barro

 "Todo cabe en un jarrito, sabiéndolo acomodar" Ella tiene la piel morena, los ojos grandes, grande la sonrisa, el cabello largo y...