Hay una obscura dicha al descubrirse uno mismo escamoteando dados y cartas para girar el juego en favor nuestro; descubrirse distorsionando la verdad con tal de mantener viva la ilusión de control y felicidad, esa anhelada paz mental que aparece como la línea del horizonte siempre prometedora, siempre a la misma distancia, siempre alejándose.
La dicha aumenta cuando descubrimos que al resto del mundo no le importa, aún más, le molesta que quieras cambiar la manera en qué haces las cosas porque creas alternativas, desorden, caos en su más puro estado y eso significa libertad, el descubrimiento de la libertad y su ejercicio siempre han significado el reconocimiento de una igualdad de todas las personas y el respeto a la voluntad del otro... cosa que es contraria a la tendencia humana hacia el control, la autoridad, las clases, el orden.
¿Por qué nos provoca este obscuro deleite? Porque nos conecta de nuevo con el original modelo de la naturaleza, una mezcla entre limitaciones físicas y la ilimitada consciencia de la eternidad y la invención oídas de aquello que llamamos espíritu humano.
Caminemos, pues, altaneros, preciosos, orgullosos, humanos, invencibles.
Corrección: no es invención oídas sino invencibilidad pero ya ves que el corrector hace lo que le da la gana.
