Huele a ti,
a sal, a sol, a mar, a ausencia;
huele al aire que juntos respiramos,
que perfilamos de caricias;
huele a ti,
a tus perfumes:
el de tu cabello y el de tu cuello,
y el del interior del codo
y el de la curva de la cadera...
a los sutiles perfumes
de tu voz, de tu mirada,
de tu ausencia
en el hueco de mis brazos.
Huele a ti,
la sal, el sol, el viento;
el minuto que pasó,
la noche,
todo lo inundo de ti,
para llevarme al exilio,
ahí, donde tu aroma es eterno.
