domingo, 3 de febrero de 2008

Me gusta tu camisa

Me gusta mucho tu camisa
con tres botones en cada manga,
un batallón de líneas ordenadas
en la negrura del cielo que te envuelve,
que te cubre de mi mirada.

Me gusta tu camisa
que guarda junto a ti mil secretos,
y en el cuello, mil susurros,
y en los hombros, los hombros tuyos desnudos.

Me gusta tu camisa,
porque tiene todas mis caricias dentro
esperando el roce mágico de mis manos
de mis labios
para detener el tiempo
para encenderte el cuerpo

Me gusta mucho tu camisa,
porque me lleva dentro,
creciendo como el futuro
hirviendo como el silencio.

Me gustas mucho
y tu camisa
te lleva como yo:
adentro.

A pesar de todo

 A pesar de mi eternidad, reconozco
que este andar de la mano,
que este caminar contigo,
ha de terminar


A pesar de mi egoísmo, sé,
que eres mía por elección tuya,
que soy de ti, libremente.

A pesar de mi unicidad, veo,
que somos vulgares, como todos, en el amor,
que somos únicos, como todos, en nuestro amor.

A pesar del tiempo y sus defectos,
mi amor es uno solo y tuyo,
mientras viva

Cuando sonríes

Cuando sonríes también los ángeles;

cuando abres los ojos veo el cielo;

y si los cierras ¡qué dolor!

Y si te vas ¡qué infierno!

Tu piel acaricia el aire al andar

tus labios lo besan, lo perfuman de ti,

yo sigo tu aroma por todos los caminos

por todos los versos
por todos mis silencios.
Te encuentro al terminar el día,
tendida como flor nueva sobre el atardecer;
y ni el tenue fulgor del astro rey me llama
y ni el amenazador avance de la noche,
que es tu cuna, me atormenta.
Cuando sonríes soy feliz, porque te tengo,
muy lejos de los brazos, en los ojos,
y puedo recrearte en mi memoria
y te tiene mi mente para mi alma sola.


Cuando me miras soy feliz,
por esa diabólica ilusión de saberte,
de quererte mía.

Unos minutos sólo

 Unos minutos sólo para verte a los ojos,
para abrazarte.

Unos minutos sólo
para escuchar de tu vida
y escanciar tus amarguras

Unos minutos, amor,
toda la vida,
para tomar tu mano,
para respirar contigo.

Un instante sólo
para que sepas que te amo
para que sientas que te amo

Sólo mío

 Sólo mío el sol,
míos en mis ojos el cielo
las nubes,
tu sonrisa,
tu mirada desmayada que se posa
en el nido de mis manos afiebradas.

Sólo mío el mar,
mía en mi boca la sal
el silencio
la obscuridad
tu ausencia que pudre en mis labios
el alcohol
el vinagre del dulzor
que dejaste de los tuyos

Sólo mío el tiempo
y la vida si quiero
y la fe en la que no creo

Sólo mía tú, la que deseo.

A mi hijo

Seré diluvio de ayer mañana, cuanto te hayas marchado, cuando haya corrido detrás de ti, intentando quitarte un amor tan grande y bueno como el mío, pero que es tuyo. Seré diluvio de ayer, porque habré regado de perlas tu camino, para que puedas oler la tierra mojada, como tanto pedías; y también como pedías, llenaré de pétalos de flores la almohada donde reposa tu cabeza, y besaré y lavaré y ungiré tus pies con los más bellos perfumes; tomaré tus manos desnudas y las enlazaré sobre tu pecho; besaré tu frente y los párpados caídos de tus ojos; dejaré que el perro se vaya y guardaré tu balero en el armario, y tu trompo de colores, y tu pelota; y todos los trozos de madera que serían tus juguetes los quemaré en el patio. Velaré toda la noche tu sueño silencioso, disfrutando cada movimiento tuyo, y tu sonrisa al dormir; Velaré tus sueños dulces y amargos, tus pasos sobre la tierra y sobre el aire; siguiendo el deseo que me mantiene vivo, volaré contigo hasta cualquier sueño, para bajarlo a tierra o deleitarme con su vista, junto a ti. Pequeño mío, algún día amarás el día y la noche por lo que son, aprenderás a amar sin límite y sin freno, y tu corazón y tu vida, y dios, darán sentido a tu intención: morir para vivir, vivir con dios, en dios y para dios.

Donde sea y cuando sea que estés, en este momento estamos juntos, y tú puedes sentir que la chispa de amor que hay en este papel es real, pues aun antes de tu llegada ya te amaba.

Xamais

Xamais imaginé de ti
más que un beso de metal
Tu rostro desnudo de artificios
lleno, saciado, de caricias,
de besos mudos y mordidas cariñosas,
de mil silencios y melodías falsas.
Mi rostro vestido de corona,
vacío, sediento de un milagro,
tal vez de tu boca que me traga,
tal vez del mortal beso del sol.

Que estés aquí

 Quiero perderme en tus labios, que me destrozen el alma en un beso; quiero que tu mirada me bañe del amor con que me amas, que me desnude por completo del ayer, y me vista de futuro, de fe, de perdón; Quiero tenerte entre mis brazos, igual que ayer, y aspirar profundamente tu aroma de mujer, de flor llena de miel, llena de mí, llena de amor; Quiero estrecharte contra mi pecho y sentirte temblar bajo mi hechizo, que no puedas apartarte de mí si no es sin vida; ¿Qué muerte habría suficiente para olvidarte?, ¿Qué muerte donde no estuvieras tú?.


No hay soledad ni frío, no hay atardecer triste porque siempre estás; no hay luz ni perdón, ni sueño, ni olvido, no hay un momento donde tu risa no me siga, donde tu voz no me bañe, donde mi boca no recuerde tu boca. No hay palabras para explicarlo, ni hay razón para que tú, a quien importa, no comprendas.
Hoy el día es gris, llueve, se cae el cielo a suspiros y las montañas ondean de placer; la caricia del sol embelesa, fascina, es como un canto para la piel, la hermosura para el oído, la verdad en las manos de un loco; yo deseo tu mirada y tus manos en mis manos; yo deseo el contacto de tu piel y el suspiro de amor, y mi flor en ti. ¿Cómo explicarte que no entiendo y que quiero que estés aquí?.

Cuando pienso en ti

Cuando pienso en ti
el universo se colapsa
y su verso único me llena de sí
y me llena de ti
y me llena de todo
para poder sentir que nada me falta
para poder sentir que tengo todo
y soy dueño de todo.

Cuando pienso en ti
el mar se hace enorme,
y en esa enorme claridad
veo que no puedo ver razones
ni locuras
ni sosiego
que me hagan sentir seguro
respecto al resto del universo,
al resto del tiempo,
al resto de la vida…
y al ver que no puedo ver
puedo ver que no soy más que uno
y que soy un simple hombre… cuando pienso……..
en
ti..

Con motivo de una disputa

 Quiero pensar que tus palabras son ciertas; poner, sin dudar, por ti mis manos al fuego; acariciar la idea, atrapar el viento, oír el color de tu sonrisa recorriendo los días para caer, rendida y sofocada, en el pétalo púrpura, de rosa, de mi boca. Escuchar tu voz brillante, aroma delicioso que se desliza, húmedo, entre mis dedos gimientes. Besar tu frente santa y llenar de perfección mis labios; hervir en estrellas rosas que cuelgan de la blancura que llena mis manos que te acarician.


Quiero creer en ti. Quiero creer en tu promesa de resurrección. Creer que estoy vivo, vibrando y despierto… y dormido cuando te sueño. Quiero saber, sentir en mi interior, oír esa voz que siempre escucho cuando tengo un buen presentimiento. Presentirte heróica, plena de sabiduría, derrochadora de bondad, compasiva… comprensiva. Dormir mis sueños de inocencia al calor de tu seno y despertar vivo bajo el fuego de tus ojos, que me acarician sin piedad. Quiero mecerme en tus brazos y entregarme a ti, con todos mis deseos y promesas. Quiero mecerte en mi pecho que se abre en generoso gesto por ti; llevarte en lomos del viento al rincón de la luz más transparente, suavemente, con canción y poema, con voz que nunca se quiebra. Beber de tu sangre y que bebas de la mía; crear la simbiosis que no nos deje morir solos, que no nos deje vivir solos. Soy tuyo, tú de mí; Tú existes, yo contigo; Soy feliz, conmigo tú.

Quiero escuchar los pasos ligeros de la verdad arrastrándose por la casa; los rechinidos de las puertas que se abren y las que se cierran. Ya no más los cascabeles del escándalo, el mortal escarlata de la mentira que en viento frío me congela la sonrisa. No quiero oír los pasos estridentes de injusticia alguna acercándose a este rincón de luz que entre tu sonrisa y mi más inocente corazón construimos. Quiero ver crecer las pacíficas flores, delicadas, de la sabiduría en mi jardín. Oír una sola voz que todos entendamos. Saber que todo está bien, que este cambio es para mejorar. Todo estará bien. Mi voz es pequeña y humilde. En un hilo de araña pende, sin temor, de una estrella luminosa; el sol ilumina el hilo, mi voz tiembla y se desprende en vertiginoso vuelo, en una caída que incluso la libertad no comprende: Mi voz sigue sus propias reglas. Mi voz ama la verdad y ama la vida, la llama viva que, al conocer de una injusticia muere un poco, con la madera de ambas intenciones, tuyas y mías, y acciones se alimenta. Podemos tú y yo estar juntos y hacer de la verdad y el compromiso con el mañana, una vida; Llenar de alegría y belleza este cajón de arena y sol; porque en este sueño pasajero tenemos fin; porque en este amargo trago lo más dulce son tus ojos, que pueden ver; tus oídos, que saben escuchar; tu voz, que se levanta majestuosa para llenar de verdades el desnudo lienzo de la realidad.

Ah

 ¡Ah! Y luego el silencio

seguido del humo que sigue
o el reinicio del rejuego en el recodo
en el rincón de tu amor
que sólo a mí una vez sólo entregas

¡Ah!, un largo ¡Ah!
Pleno como la voz de un Domingo
potente como el hambre que a todos tortura

¡Ah!, y una iluminación de ojos
cuando al fin comprendes que
después de todo
no entendemos mucho ¿Ah?

Ardo

 Ardo en cielo de invierno

rojo eclipse lunar total
ardo en brasas que agrupa el tiempo
para terminar en él
para no saberte más

Me llevas en brazos escaleras arriba
bajándome el vestido,
y los labios por el cuerpo
Me llevas arriba de tu piel endurecida
con el sudor hirviente
de flores y recuerdos

Ardo en cielo raso azul de manta
en ojos que penetran como espadas
me hundo en ti
tu piel me quema
me absorbe con su obscuridad
que vive y mata

Ardo en sol de Abril que ríe
que sueña con tu voz cantando salmos
ardo en tempestad de silencios
que el tic-tac de un reloj no abarca

Ardo en ti, de amor, mi amor,
en nuestro amor que nos consume
y nos da fuego
ardo en ti, mi fuego y luz
mi juego de vivir en este sueño…

Cuando pienso en ti

Cuando pienso en ti
el universo se colapsa
y su verso único me llena de sí
y me llena de ti
y me llena de todo
para poder sentir que nada me falta
para poder sentir que tengo todo
y soy dueño de todo.

Cuando pienso en ti
el mar se hace enorme,
y en esa enorme claridad
veo que no puedo ver razones
ni locuras
ni sosiego
que me hagan sentir seguro
respecto al resto del universo,
al resto del tiempo,
al resto de la vida…
y al ver que no puedo ver
puedo ver que no soy más que uno
y que soy un simple hombre… cuando pienso……..
en
ti..

Alatara

Tenía los ojos cerrados, el corazón hirviendo, palpitando. Tenía los ojos cerrados, puertas con cerrojos echados; los ojos que yo vi siempre hermosos, cerrados, sin una luz, sólo llenos de sombra, de polvo y viento; las esperanzas acumuladas junto al vacío, ahí donde la soledad se regresa de sus infelices viajes al interior del silencio.


Los ojos cerrados, las manos sobre el vientre sangriento, lleno de negrura y aliento apagado, de dolor que ya pasó, de voces que nunca pudo escuchar. Por entre los dedos la vida se le escurrió y ningún hombre escuchó sus gritos delirantes. La blancura de la cama se lleno de vida incontenida, de muerte; su voz se confundió cientos de veces con los gritos lastimeros de la cascada seca y los aullidos de la muerte que el perro cantaba sin cesar.

Se había mordido los labios para contener el dolor y la vida que llevaba dentro. El viento cubría de polvo las ventanas, el espejo, la única vanidad de la casa, el sartén con restos de comida, las cenizas frías, grises, que el olvido desdibujaba de la hornilla. La puerta se azotaba, sin freno, al impulso sin final del viento. Tenía los dientes marcados en los labios. El sudor se había secado y mojado de sudor incontables veces. No había caído en el refugio de la inconciencia, las puertas de la piedad son infranqueables al borde de la muerte. Las lágrimas no la dejan ver, y el dolor es negro; la fiebre la hace tititar.

La sangre de un rey no mancha, ni la de un alcalde, ni la del hijo del alcalde; pero los bastardos siguen siendo bastardos.

Pero cómo era bonita la Alatara, con su falda recrujiente de almidón y los ojotes negros que nomás de verlos le ardía a uno el pecho. Los domingos, después de misa, se paseaba sola por la plaza contoneando la cadera, luciendo los colores de su bandera de amor, como diciendo ven, que aquí hay de dónde cogerse.

Condenada muchacha. Uno es hombre, sabe, y pos… no es que quiera presumir, pero teniendo bien puestos los pantalones no hay vieja que no lo quiera montar a uno.

Pues… mire…. Lo de la niña esta fue muy notorio. Desde el principio, desde que empezaron a alborotársele las ganas, nomás tuvo ojitos para Poncianito, que es rebuen muchacho, como que es hijo de mi comadre Lupe.

Y luego el cura.

Si ya decía yo, esa muchacha va a echar a perder a alguien, no debe meterse con los de dinero, son traicioneros.

Mire, si m’ijo tuvo sus queveres con la Alatara esa, es muy su problema; el ya está grande y decide sobre su vida, no yo.

¿Y el niño?

Ella vino a encargarlo con las hermanas Puente, las de la esquina, pero ya no regresó.

Un domingo venía, con su carita demacrada, la inocente, a que el cura le bautizara a la criatura pero doña Lupe, la mamá del niño Ponciano, le impidió la entrada a la iglesia, y luego vinieron los guaruras del alcalde, quesque a proteger la dignidad y decencia de la casa de dios. El cura…

El cura baila al son que yo le toque, y si digo que esto es una indecencia entonces es una indecencia, no puede andar esa chamaca diciendo que la criatura es de mi Ponciano, porque él sí que es decente. Además, ¿qué va a andar haciendo con criaditas como esa, teniendo su novia de Jupilco, la hija de mi compadre Juan?

Esas son desgraciadeces, del alcande, del cura y de la Lupe, que ahora resulta que se quiere dar golpes de pecho. ¿No era ella la que andaba promoviendo el uso de la minifalda? Y ¿no se casó ella cargada ya del Ponciano? Pero como su familia sí tenía dinero

No, no, no, no, no joven, no crea que es por el dinero. Pero si yo supiera que mi Poncianito anda en tratos con una muchacha del pueblo, tendría que obtener cierta información sobre ella, sus costumbres, si es una muchacha decente. Usted sabe, en los pueblos chicos las habladurías son grandes.

¿Médico? Útale, no señor, aquí a lo más que llegamos es a una partera. Un día salió la Alatara de su casa con la criatura en brazos y el vestido lleno de sangre. Mi Jacinta le ayudó, para que no se cayera, y desde ese día no nos venden nada en la tienda y vamos a San Martín de las flores a comprar los frijoles, la tela y la cecina…

¿Que si la quería? ¡ay muchacho, qué cosas preguntas!

Las hermanas Puente ya fallecieron, dejaron al niño con don Cosme, el de la tienda, pero esa ya hace como quince años.

A la semana siguiente encontraron el cuerpo. Tenía una rajada detras de la cabeza, en el cuello, que le atravesaba hasta la garganta. El asesino huyó…

Sí, don Ponciano llegó con mucha sed, dame un tequila, pero rápido; me dijo que había andado montado en el penco todo el día, que venía de ver a su compadre, en Jupilco, de arreglar los detalles de la boda del Poncianito.

Padre, vengo a confesarme, dime hija, me acuso de lujuria y… ¡pero cómo!, ay padre, creo que estoy embarazada, ¿y de quién es la criatura?… de Poncianito, ¿él ya lo sabe?, no padre, entonces déjame arreglar las cosas por mi cuenta…. No me digas que la muy perra te dijo que m’ijo es el padre de la criatura, así es, orita mismo la mato, pa’ que no ande de habladora, mejor manda al Poncianito a la capital, para que estudie agronomía, ya ves cuánto le gusta el campo, ¿y la chamaca?, que se las arregle sola, lo más seguro es que se vaya del pueblo…

Pero se quedó, arestregarnos a todos a su hijo, su amor, su orgullo de haber sido amada por el niño rico del pueblo hasta que un día desapareció.

Don Ponciano se quedó solo, doña Lupe falleció después de las pascuas, Poncianito se quedó a vivir en la capital, ahora vive de escritor, dicen que se casó.

El patrón quiso, después, adoptar al chamaco, pero como aquí no hay orfanatorio, se lo llevaron a la capital y ahí, luego luego, le encontraron padres.

¿Oye hijo, y por qué no te quedas a vivir en este pueblo?

¡Válgame dios, don Ponciano! Si le digo que yo soy el hijo de Alatara y Ponciano, que ellos viven en la capital y yo con ellos, y que ya tengo dos hermanos y que todos vivimos felices no me lo va a creer. Así que mejor le digo que si así piensan del amor en este pueblo, no me quiero quedar a ver qué es lo que piensan de los pecados de a deveras.

Tras la muerte de don Ponciano, todos se fueron yendo, a San Martín, a Juplico, a Las Vírgenes; después llegaron los ingenieros y, sobre el mismo pueblo, constuyeron la presa, que se llama Alatara, como la muchacha aquella.

Muerte mía

 Esta muerte mía

que no se detiene
que sólo se ríe;

Esta vida mía
que solamente huye
para que no la alcance;

Entre mis dolores
y mis sueños
se me escapa una
se me acerca otra
y a la vuelta de la esquina
el muro de la sorpresa
se cae a cada respiro
en aguijones que rozan
apenas mi vientre

Esta muerte…
Esta vida…
Este gran vacío de flotar…..
…..
….. inerte…..
……………..

Prometeo

 Vivo atado, sin puertas, sin ventanas,

sin salida,
en un infinito círculo con cuatro esquinas,
donde el tiempo te acaricia con su lengua fría,
y la agonía de saberme solo
me abre las entrañas y las come
y las tira

Vivo atado al sol, y Prometeo,
me sonríe en su dolor y yo no digo
que mi círculo infinito no me duele
y río
y sueño
con comer mi propia carne muerta y tibia

Vivo atado a mi propia piel
al delicado secreto de mi vientre
y por más que escarbo en él
no consigo estallar en resurrecciones eternas

El camino no existe
importa un comino qué camino sea
que camine o venga
a viajar en círculos por mi cadena

Vivo atado a un círculo mortal
que late atormentado contra mi ilusión
que sangra mis venas y goza
de la callada negación de mi derrota.

Tu voz

Tu voz es brillante
rosa de invierno
galope de quimeras
amapola gimiente al vaivén de mi cadera

Estallido de margaritas
silencio elocuente
medicina para el alma
que supura de no escucharte
que tirita y pena

Tu voz es lanza
de manos hábiles y mirada certera
de filo venenoso, alas de roca
y mariposas amarillas bebiendo mi dulzura,
gotas de agua
cayendo eternaun sueño que despertando empieza

Del poema

Largos días y nuevas noches sin pena; luz de estrellas que brillan, fulgurantes, sin prisa ni concierto a simple vista. Este día fue un día hermoso, aprendí a tener un poco de paciencia y a amar mi impaciencia, porque resulta que ésta no es intolerancia, es más bien, como un par de gafas con las que ves las cosas de diferente manera.


Hay momentos, como este, en que deseas con una fuerza inmensa alcanzar los lugares por donde el tiempo no pasa, sentarte ahí, nomás a contemplar el oleaje incesante de la vida, y sonreír, con esa amplia sonrisa de sol o luna, replandesciente. En momento así, el impulso creador mitiga, hasta extremos mortales, hambre, sueño y deseo carnal, con tal de rozar el dorado borde de la túnica exquisita de la eternidad, que pasa contoneándose como una dama hermosa que luce la riqueza de su vestimenta luminosa y la gracia inimitable de su figura esbelta y deseada. Te olvidas, en medio de un extraño sopor, de todos los sufrimientos del día y dejas que la pluma abra camino en el lechoso manto del papel inexplotado, la selva virgen de la nueva combinación de imágenes se abre ante la dorada llave de los ojos de tu imaginación; entonces las palabras se electrizan, llenas de vida, corren en manadas atolondradas que serpentean por el aire, luminosas, para caer con toda su fuerza, en la mullida superficie de lo común, levantando piel, derramando lágrimas y sangre, para reventar en poema incontrolable, para salpicar de muerte, de semillas, la hirviente superficie de las voces de todos los días.

Nunca me he preguntado para qué quiero la eternidad. Cuando sea eterno también seré ciego y sabio, justo y débil… creo que la juventud no es sólo un estado de ánimo… ni la edad sinónimo de sabiduría.

Cierto

No lo sé, en verdad, no yo.

Cierto es que siento tus pensamientos volar.
Cierto que escucho tu voz llamar cuando me necesitas y estoy lejos.
Cierto que a veces lloro con las gotas del cielo
que se desgarra.
Cierto que los ojos de los niños me conmueven.
Todo es cierto.

Veo las hojas caer frente amí
frente amí soñando,
siento la luz del sol quemarme
convertida en mirada apasionada
tu mirada apasionada;
huelo perfumes y pestes por igual,
pero hay más, mucho más sin explicación
sin sentido
que me arrastra
nos arrastra
en una sola dirección
y hay corrientes como jirones de menta
rayos verdes del atardecer del sol en mi horizonte
inesperados visitantes que llenan el alma
de un no sé qué que todo cambia.

Hay cientos de sensaciones y sentimientos ciertos en mí.

Fuego Azul

 Fuego Azul contenido en la savia

en la voz
en el aire
Fuego Azul que danza mortal
en los restos fundidos de la carne
Fuego Azul, tormenta,
torrente informe y sin dirección,
remolino que exhala besos,
tempestad que licua pasiones.
Fuego Azul, abrasador,
extraño delirio por tus brazos
por tu piel entera
por las comisuras
de todos tus labios que beso
que muerdo
Hiervo en soledad y en silencio
con nuevas fuerzas te sueño
con nuevas mieles te lleno
y esta soledad herida no halla refugio
y este silencio interrumpido no halla consuelo
Hiervo. La flama es silenciosa
es un tormento
es una lucha de cielos,
de infiernos
y en un grito delirante
tus ojos, dos, encuentro
y en mi interior a tu contacto brilla
Fuego Azul
contenido en un espacio
donde no eres sueño

Así yo

 Tú crees. Así yo.

Tú amas. Así yo.
La luz descubierta de tus pechos me guía
y me acaricias las manos, los labios
y la lengua con ellos

Testifico en modo griego
Juras por mi hombría conteniéndola
con tu pequeña lengua
y esta llama crece voraz, jamás saciada,
alimentada por mi jugo
juego extraño de pasar la vida.

Te amo a raíz de sentimientos varios:
emoción de tu voz cantante en mis oídos
tu voz amorosa y tierna
tu voz de ideas apasionadas
tu voz de ideas y deseos de amor
que queman toda la carne
ternura de tus ojos, que sabemos míos,
con todos los temores y soledades
y los otros contrastes simbióticos
que compartimos

Te amo a raíz de la soledad,
el frío
el miedo y las joyas que me adornan

Te amo porque aceptas de mis labios
la miel con la ponzoña.

Sólo tú

Las flores son bellas y huelen
llenan el espacio alrededor,
llenan el tiempo,
llenan los ojos de belleza,
de esa que sólo la mirada puebla,
de esa que las palabras no atrapan.

Y no me apartan tu aroma
y no me borran tu imagen
y no me liberan del yugo
que tu recuerdo me carga

Y ni el perfume me sofoca,
sólo tú
y ni el humo me ahoga
sólo tú
y ni el recuerdo del pasado, amor,
que me vacía el aire
para llenarlo de ti
sólo tú sólo tú

La razón del tiempo

 La razón del tiempo es pasar,

avanzar de un lugar a otro, fantasmal.
No sirve para contar, es relativo.
No sirve para vivir, es frío, mecánico, imperfecto.

La razón del tiempo es pasar,
pero no como el viento, porque el viento lleva,
trae y suena;
se retuerce en callejones breves
y silba en las rendijas de las puertas,
de pronto se ve convertido en suspiro cálido,
en súplica amorosa,
en sollozo, en queja;
y el tiempo pasa, por consenso,
y el viento lo ignora,
y convertido en huracán es breve
y en grito de placer se vuelve eterno.

La razón del tiempo es pasar
pero no como el agua, que arranca de raíz el futuro
el pasado
el ahora
que lleva vida dentro porque la provoca
que lleva vida dentro porque la devora
y el tiempo pasa, igual, con su pena dentro,
y el agua juega con las manos de un niño
baila y salta al caer del cielo

La razón del tiempo es pasar,
pero no, “nuncamente” como el fuego,
que quema y da vida y muerte
reduciendo todo a cenizas y humo
átomos libres que vuelan en el cielo
y el tiempo pasa, igual que desde su invento,
sin razón, en verdad sin medida
sin sentido
y el fuego se consume en una brasa,
mi fuego se derrama en tu vientre nuevo,
vive y muere en un espeso bosque
en la lengua seca del solitario
y en la rosa adolorida de tu sexo abierto

La razón del tiempo es pasar
pero no como lo dicho
lo hecho;
Iscariote solitario que a orillas de todo
cuentas gigantes segundos, minutos, horas;
pasa, invento inútil
garra impotente, pasa
y cuando llegues donde vayas mira
que no has dejado huellas
por más que intentes hollar el camino;
que todo lo que dices de ti lleno yo llené;
que todo lo que crees por ti muerto
yo morí
dí muerte
yo maté
¡Qué lástima te tengo, tiempo!

Me gustan tus ojos

 Me gustan tus ojos, ambos,

la luz que reflejan,
el brillo que emanan,
la fuerza del fuego que me quema el alma

Me gustan tus ojos, ambos,
la dulzura que nunca cesa
y esa soledad que me llama sin palabras

Tus ojos son míos,
como digo siempre,
porque tú quieres

Mi vida es tuya,
porque no quiero negarte mis ojos,
porque encender tu deseo me hace fuerte.

Me gustan tus ojos, ambos,
y ver mi rostro extasiado, agónico, en ellos.

Me gustan tus ojos, ambos,
el filo agudo de tu inteligencia,
la suavidad de tu comprensión
y ese amor mío que en tus ojos juega.

El silencio es

 El silencio es un sonido

donde nada escuchas, ni tu voz,
ni el caudaloso río de las ideas perdidas,
ni el poder de los truenos que ensordecen las sombras

El silencio es una escena corta
donde todo se explica,
donde la ilumniación se vierte
a borbotones suaves de razón,
a intervalos regulares que nunca
cesan

Tu silencio es un misterio,
no sabes estar callada,
cuando respiras, tu amor me cubre
de vida rosada en tus pulmones,
y cuando me ves, una estampida de dulzura
galopa sobre mi piel,
y cuando me acaricias, el silencio retoza
en otros campos
en donde las flores crecen en silencio
casi en secreto,
donde las risas, las caricias, las respiraciones
y miradas mudas
caen sobre ti como una sombra,
llenándote de mi amor,
que en el silencio es.

Soy… o no

 Soy… o no

con tal duda no concibo
ni la vida, ni el amor, ni el deseo…
sin tal duda no entiendo
la dulzura de tus caricias
ni el ajenjo y la miel de tus besos

Soy… o no
y la displicencia fortalece
y la actividad enerva
y esta vida mía que no me pertenece
es más mía sin ti y contigo es ajena

Soy… puedo no ser
no es tan sólo un cambio de visión
o decisión personal
o junta indiscriminada
recolección de sensasiones
que se agolpan en el cuerpo
puedo no ser y ser no ser sería,
de cualquier forma, diferente,
y lo único que soy… o no… es eso.

Este tiempo nuestro

 Este tiempo nuestro, que es tuyo y mío,

esta soledad que nos viste de besos húmedos
esta libertad que nos ata a dejarnos ser
tú de mí, yo tuyo, sin hacerte mía
como esclava
sin hacerme tuyo
ni señor
Este aire que entre dos consumimos
sin pensar que es éter, eterno deseo que consume el
tiempo
y la vida en pasión incontenida
Este contacto de dedos, de roces que apenas se tocan
de bocas que abarcan suspiros y susurros
que comparten humedades y gotas de placer
que en labios hirvientes se deslizan
que en locas hambrientas bocas se destrozan
La furia de la cercanía, que enerva,
el placer de la entrega, que se sublima en eternas esperas
en sangrientas batallas
que roban pasión y calma
y tu sueño
sigue siendo mío
Este absurdo sueño
de tenerte mía
Este constante deseo
que tu pasión abarca
en una sola voz
agónica
en un solo grito
orgásmico.

Tu voz me encuentra en el aire

 Tu voz me encuentra en el aire, se apodera,

una a una, de mis voces,
una a una, de mis quimeras.

Arremolina el fuego en torno a ti, para esculpirte,
y en cada centímetro vivo de luz vibras
y la razón que es tan mía me abandona
al contacto acerado de tu fuego de vida

Tu voz me cierra el aire
lo llena todo y me hace respirarla,
corre sedienta de calor, del fuego nuevo
que ella misma provoca
que ella misma devora.

Danzas en mi interior, mortal,
“que no sabes, amor
que no sabes amar”
Corres las cortinas de mi más oscuro ser
“que no sabes querer
que no te puedes dar”
Sabes, con razón, dónde me duele más
y el pasado revientas en blanca espuma blanca
con gotitas de sal
con esencia de amargura
despertando tu pasión con mi dolor despertando mis
caricias

Te olvidas de mi nombre

 Te olvidas de mi nombre y callas

para no escuchar mi voz rugiente
para no sentir mis manos suaves

Te olvidas de mis ojos y apagas la luz
para que no puedas verte
para no saberte vista sin deseo en la mirada
sin lujuria desbocada
sin la ternura que provocas
en la tormenta de mi alma

Te olvidas de mis sueños y no duermes más
para no tener tus pesadillas a la orilla de la cama
para pensar que era bueno
para soñar despierta que te amaba
que el monstruo que llevas dentro
con mi monstruoso yo se deleitaba

Te olvidas de mi piel y esperas
que el agua tibia sea tan suave y tan firme
y que te llene las vergüenzas de alegría
como garras que se entierran en la carne;
que los dedos del invierno enfríen
el infierno del veneno de mi darte

Te olvidas de mí, amor, pero te pierdes
por querer perderme entero en el olvido,
te olvidas que si olvido hay soy yo,
que si vives o si olvidas es conmigo.

En verdad no importa

 En verdad no importa

ni el azul de tus caricias
ni la seda de tus ojos
Fuera real o no, no importa,
ni el peso del vacío
ni el sabor de la obscuridad

Lo sublime o lo grotesco
lo que enerva o fortalece
lo que sufro, lo que río
la raíz de plata donde crece lo divino

No importa el mar, para mí inmenso,
ni lo que por no entender se vuelve inútil,
lo que no creo y vuelvo imbécil
lo que no sé y torno inexistente

Fuera hilo de plata de tejedora afable
amable seda para adornar el aire
Fuera una hoguera inmensa suspendida ennada
en terciopelo negro, brillando, como un
diamante

Sea lo que sea eso que es
con cuanta forma y expresión de sí encontrara
ni por su voluntad ni por la mía es
que el futuro sobrecoge y la fe no alcanza

Vida, muerte, dulzura o esperanza,
en verdad no importa, de eso, nada.

Ojos, dos y llenos

Ojos, dos y llenos
de silencio, misterio y sombra
de absurdos deseos, de te quiero.

Ojos, dos y llenos
de azul de mar y cielos
que nunca se llenan de sombra
que nunca se hastían del tiempo

Ojos, dos y llenos
de esa pasión que baja la vista
hasta al más hombre de los necios

Ojos, dos y llenos
de mí, los míos que tú llevas puestos
y yo de ti… ojos, dos y llenos

Te amo

Te amo ahora que estudias. Te amo con tu mirada clavada en las ideas, con tu frente fruncida en la búsqueda de una comprensión que se acerca por momentos y luego se aleja.

Te amo ahora que me ves, que me besas, que tus ojos son un par de cráteres volcánicos, que me quemas con tu deseo y con tu inocencia.

Te amo de una forma tal que apenas comprendo, que ames al monstruo que llevo dentro, que te hiere con sus millones de espinas, que en un saludo vuelca toda su furia y en amarte toda su fuerza.
Te amo ahora que respiro, que tomo tu aliento como vida a cubetadas; te amo en el verano que se acerca y en el invierno de tus pies fríos.

Te amo en tu cabello, en la sonriente manzana de tus mejillas, en tu corazón de hierro que, al fundirse, me traspasa la razón y la hace nada.

Te amo en la inocencia de tu voz, que se alza buscando mis silencios. Te amo en el silencio que respiro, en la superficie del lago tempestuoso que es mi alma herida de la vida.

Te amo al tiempo que vivo, en un tiempo muerto de tanto no tenerte, en unas manos llenas todas de tu ausencia en el pasado.

Te amo en el tiempo que me dabas cuando pensabas en mí como una cosa rara.

Te amo, corazón, mucho te amo, porque la paz de mi alma es sólo tuya.

Y es por este amor que me da vida, que me da sueños y realidades que te doy mi corazón, me entrego todo, sin esperar tu risa, tu sonrojo, tu caricia.

Quiero

Quiero apartarte del calor del fuego,
quiero llevarte a lo oscuro y a lo frío,
que mis brazos sean tu cobijo
y mi frente el cielo que te abriga.

Quiero llevarte de paso al galope de mi historia
y escribirte nueva como azahar de limonero,
cada despertar tomarte entera
para devorarte junto a mis sueños.

Quiero verter tus ojos por mis labios
para beber la imagen que me miras,
para sentirte toda en la penumbra
de una mano embriagada que te acaricia.

Que sea el día, que sea la noche,
que la madrugada con su rumor de vida nos separe
los cuerpos sólo y solo me quedo
acariciando la ausencia que dejaste.

Que sea la tarde, que a mí regreses,
desgastada por el mundo que devora,
y compartir de nuevo nuestra luna,
y recorrernos la piel en una sola sombra.

Quiero que vengas a mí, que aquí te quedes,
viva, calcinante, encantadora;
que el nudo de mi vida se ate a ti,
en un fuego sin par que no hace sombras.

Hay muchas sonrisas en el mundo

Hay muchas sonrisas en el mundo
muchas miradas que se pierden en la noche
o en la mañana de los días

Hay muchas palabras que se dicen
situaciones que se crean
pequeñas trampas de la vida en las que se caen

Mi sonrisa favorita está en tu rostro,
mi mirada preferida ahí está,
prendida en este cielo de tu piel
en el espacio infinito de tu paz

Esta sombra que aletea sobre mi rostro
no es sino el signo del tiempo en mi mañana
aunque hay palabras que el silencio cubre
es más fácil de sentir cuando no estás

Esos ojos tuyos

 Esos ojos tuyos, que devoran mi luz,
que me cobijan, me llevan, me ilusionan.

Esa boca tuya, mía, nuestra de tantos besos,
no me deja respiro, paz, ni sosiego.

No me culpes a mí, culpa a tu boca,
que es tan bebida como luz,
que es tan aroma como fuego.

No me culpes a mí si quiero beberte,
que eres una imagen del deseo:
No puedo detener mi querencia
y tú no puedes dejar de ser un sueño.

Jarrito

Jarrito de Barro

 "Todo cabe en un jarrito, sabiéndolo acomodar" Ella tiene la piel morena, los ojos grandes, grande la sonrisa, el cabello largo y...