Ella es magia, magia que se puede ver en la sonrisa, en la mirada, en los mohines infantiles con que acompaña su lectura, sus momentos de escribir, de coger herramienta para desarmar la bicicleta y volver a armarla.
Ella es magia que se puede tocar. El roce de su piel trastorna la vida, nunca es bastante, nunca cansa, siempre es nuevo... y que sus dedos te atrapen en sus puntas, que sean el puente de nacimiento y muerte al mismo tiempo, es un privilegio.
Ella es magia, es portal de vida mortal, visión de vida eterna, deleite y tortura, pesadilla y sueño.
Ella es inspiración para buscar aquello que no existe; es el motivo de las contradicciones diarias que arrancan la paz y alimentan la más inocente de las esperanzas.
Ella es la Bella de mi cuento, princesa guerrera de mis ilusiones, de mis augurios y visiones. Es el motor de mis sueños más salvajes. Ella es piedra y ángel, quimera, alebrije, contradicción ambulante de deseos y actos. Ella es, simplemente, una sola, ella misma.
