Te llamo cada noche
en el poema que leo
en el café que bebo
en la película que me arrulla
hasta en la oscuridad
que desdibuja el color del cielorraso
Te llamo en el compás de mi respirar,
en el clic-clac de mis pestañas al abrir y cerrar,
en el regular rozar del cepillo de dientes
y en el límpido deslizar de mi imagen en el espejo
Día y noche, despierto e inconsciente,
te llamo a gritos,
con esta mano vacía de tu mano,
con esta boca que anhela tus labios,
con esta mirada que ya no se refleja en tus ojos
Solo... tan sin ti como siempre,
descanso mis afanes en la rutina,
buscándote en tantas otras... sin fruto.