¿Qué sigue? Llegué al día de hoy con el cansancio acumulado de días, semanas, de esfuerzo continuo, físico y mental, de mantenerme vivo, cuerdo, convincente de poder convivir con los demás, esos que conducen sin cortesía, esos que se atropellan en el local para pedir un café apresurado, adornado de espuma de leche, sobrepreciado, que beberán de prisa u olvidarán sobre su escritorio para terminar ingiriendo frío, con sus sabores esenciales y azúcar añadido, o echando a la basura, como muchas otras cosas valiosas que acaban su ciclo de convivencia con nosotros, subejercidas, desperdiciadas.
Convivir en paz, con alegría, con felicidad, se ha convertido en una auténtica faena. Elegir lo que puedes usar para vestir, el lenguaje con el que puedes comunicar una idea, sensación, emoción, sentimiento, los temas que puedes traer a la plática -sin política, religión o futbol- que de reducen cada día más porque el otro, siempre el otro, no está dispuesto a escuchar para intentar comprender la mañana que nos tortura.