Después de 4 años, cayó nieve en Chihuahua capital. Aquí, dónde sólo nos visitaban los vientos gélidos y las lluvias frías que no se decidieron a ser ni siquiera aguanieve, mientras que, en derredor, Cuauhtémoc, Majalca, Casas Grandes, El Sauz, se vestían orgullosamente de blanco en el frío invernal. Qué alegría tan grande mirar caer los copos durante la noche, ver cómo el campo frente al departamento que habito iba acumulando capa tras capa de estos efluvios celestiales en el romance entre el eterno cielo azul y la cálida tierra, siempre dadivosa, siempre generosa, árida al tiempo que ávida por entregar sus frutos y tesoros a quien la cultiva y trabaja.
En medio de este marco de frío y suelo congelado, resbalé y caí, como en casa de jabonero, golpeando la oreja derecha contra el barandal que separa la seguridad de mi terraza de la banqueta, casi tres metros debajo de mi piso. Allá fui a dar con toda mi humanidad, frágil y humildecido inintencionadamente, con una derrepentencia azorante. Mi hijo gritó desde la cocina ¿Estás bien? a lo que respondí No te salgas, está resbaloso y tú estás descalzo. Como pude, cogiendo los barrotes y luchando por recuperar la vertical, comencé a bajar el escalereado lleno de impoluta nieve nueva, esforzando mi zumbante cabeza y mi oreja, que sentía caliente como recién picada de avispa. Así llegué al auto y paleé la nieve de encima, de los cristales, de los faros, del cofre. Subí y salí a llevar a la Stella al trabajo y, de regreso, llegué al hospital, por una orden de cirugía y a que revisaran la oreja, más grande y ennegrecida, y la cabeza, que también sufrió por la caída. 3 horas, un par de medicamentos inyectados, 4 radiografias y tres consultas después, salí inveterado con el diagnóstico más ambiguo que se pueda tener: No me pasó nada pero, sí se me rectificaron las cervicales, si me duele el cuello algún día no debe extrañarme. Tengo el tabique muy desviado y ya. Con reposo, analgésicos y desinflamatorios esto va a pasar. Si se me vuelve a inflamar la oreja o se llena de sangre habrá que drenarla. Y ya. Nieve 1 - Sergio 0