Me reconozco humano, hummus, nacido de la tierra y que vuelvo a la tierra. Pretencioso, creo también que tengo una parte inmortal, unida al Gran Espíritu que sirva, habita, rodea y contiene la vida en todas sus formas, la conciencia pura del Ser.
Me explico el mundo como una situación de aprendizaje en la que desarrollamos la capacidad de amar sin poseer, dar sin referir, construir sin enaltecernos, crear sin vanagloriarnos. Solo porque si, solo porque es la manera en que la realidad manifiesta su abundancia, sin dueño, su exorcismo sin límite.
Me reconozco humano, hermano y compañero, amante de lo bello y lo armonioso, curioso por lo nuevo y lo antiguo, por los secretos y las singularidades de las realidades que otros ven en lo cotidiano. Amante del café para beber y el café en los ojos de la mujer que me abraza de cerca.
Amo este entorno, esta realidad tan plástica y maleable que podemos convertir en un paraíso, juntos.