miércoles, 29 de enero de 2025

Milagro peatonal


Milagro peatonal.

Cayó la noche, afuera hace frío, sopla el viento. Camino solo con rumbo a casa. En el trayecto, un puesto de tacos me atrae con la misma fuerza con que las flores del naranjo seducen a las abejas. Su irresistibilidad se mezcla con el hambre que me aqueja have tres o cuatro hora. Llego. Pido. El sacerdote de la parrilla consagra el bistec, la cebolla, los jalapeños. El milagro se realiza frente a todos los que esperamos en una masa informe de humanidades: el taxista, el obrero, el albañil, el ama de casa, la secretaria, la maestra de la escuela, la estilista. Fervientes, atestiguamos la transformación de la carne en alimento, la maravilla cotidiana de hacer el trueque del valor de unas horas de trabajo a cambio de tortillas, carne, salsas, calor y sazón callejero. A unos pasos de la lateral de este bulevard, ricos, pobres, miserables todos, comulgamos de la misma comida, bebemos de la misma bebida, visitamos el mismo paraíso.
El mayor milagro no es ya la larga cadena de sucesos entrópicos... entropiásticos... ¿entropicales, tal vez? ¡Sucesos de Entropía! qué han descompuesto, fragmentado, paquetes de energía concentrada en haces de luz y calor, en contenedores cada vez menos complejos, como la hierba, como la vaca, que come la hierba, como nosotros, que comemos a la vaca... 
El milagro es que, sin siquiera notarlo, ante el parrillero, voluntaria e incontrovertidamente estamos dispuestos a aceptar que somos iguales.

Jarrito

Jarrito de Barro

 "Todo cabe en un jarrito, sabiéndolo acomodar" Ella tiene la piel morena, los ojos grandes, grande la sonrisa, el cabello largo y...