domingo, 3 de febrero de 2008

A mi hijo

Seré diluvio de ayer mañana, cuanto te hayas marchado, cuando haya corrido detrás de ti, intentando quitarte un amor tan grande y bueno como el mío, pero que es tuyo. Seré diluvio de ayer, porque habré regado de perlas tu camino, para que puedas oler la tierra mojada, como tanto pedías; y también como pedías, llenaré de pétalos de flores la almohada donde reposa tu cabeza, y besaré y lavaré y ungiré tus pies con los más bellos perfumes; tomaré tus manos desnudas y las enlazaré sobre tu pecho; besaré tu frente y los párpados caídos de tus ojos; dejaré que el perro se vaya y guardaré tu balero en el armario, y tu trompo de colores, y tu pelota; y todos los trozos de madera que serían tus juguetes los quemaré en el patio. Velaré toda la noche tu sueño silencioso, disfrutando cada movimiento tuyo, y tu sonrisa al dormir; Velaré tus sueños dulces y amargos, tus pasos sobre la tierra y sobre el aire; siguiendo el deseo que me mantiene vivo, volaré contigo hasta cualquier sueño, para bajarlo a tierra o deleitarme con su vista, junto a ti. Pequeño mío, algún día amarás el día y la noche por lo que son, aprenderás a amar sin límite y sin freno, y tu corazón y tu vida, y dios, darán sentido a tu intención: morir para vivir, vivir con dios, en dios y para dios.

Donde sea y cuando sea que estés, en este momento estamos juntos, y tú puedes sentir que la chispa de amor que hay en este papel es real, pues aun antes de tu llegada ya te amaba.

Jarrito

Jarrito de Barro

 "Todo cabe en un jarrito, sabiéndolo acomodar" Ella tiene la piel morena, los ojos grandes, grande la sonrisa, el cabello largo y...