jueves, 14 de octubre de 2021

Un dragón enamora'o


Dragon Resting its Head on the Lap of a Woman by Anton Robert Leinweber, 1912


Un enorme dragón volaba por el cielo,
pasaba las nubes de algodón sin hacer ruido
mientras su piel reptilínea reflejaba la luz del sol.

Una princesa de ojos cafés y pelo negro
hacía ramos de flores en su jardín,
y al ver una sombra sospechosa en el césped,
llamó a gritos al matador de dragones.

Pepe, que ansina se llamaba, llegó ipso facto
a recibir la orden que la princesa ordenaba
-porque las órdenes se ordenan, una primero, luego las otras-
y hacer lo que ella dijera.

Dijo la hermosa: Quiero,
que averigües de inmediato qué se ofrece,
a ese hermoso dragón que anda volando.
Desde luego, dijo Pepe, inso faito.

Y fuése a buscar un instrumento
que hiciése bajar al reptil sospechoso al suelo,
cuál fuera la casualidad caprichosa
que encontrara el carcaj de cupido
y, lanzando sus flechas amorosas,
lo hiciera caer, a los pies de la princesa, de amor rendido.

¡Oscura casualidad!, dijo el dragón, que mi destino,
sea, enamorado, morir de hambre y perdido,
pues lo que había de ser mi cena suculenta,
sea objeto de mi amor, ¡qué desatino!

La princesa, viendo la pena de la bestia,
ofreció su carne morena por el sol,
y arrancándose vestidos y vergüenza
a las fauces del dragón fue y se entregó.

Su carne suculenta era, aun sin cocer,
con un poco de sal sería mejor,
el caso es que esta la historia es,
de fatídico final y real amor.

Pepe, el matador de dragones,
se quedó sin princesa ni dragón,
pues éste al dar cuenta de la niña,
con un hierro candente su corazón atravesó.

Al final, todos muertos, viven,
en la memoria de esta cantador de cuentos,
que no vive sino de amar la presencia,
de los ojos que me leen,
las manos que me tocan,
los labios que me besan,
la hermosa princesa que me ama.

Jarrito

Jarrito de Barro

 "Todo cabe en un jarrito, sabiéndolo acomodar" Ella tiene la piel morena, los ojos grandes, grande la sonrisa, el cabello largo y...