Uno frente al otro, como en un principio, ahora y siempre, dejando el aliento y la mirada en esos besos que le robamos a la noche, en esas caricias que nos arrebatamos, a veces con violencia. Nos miramos y nos encontramos con profundidad y fe, para soltarnos más tarde, para encontrarnos de nuevo... o chocar en otra parte. Así de breves, alterables, frágiles. Así de eternos
