Me mueve desde dentro
el inalienable impulso de la vida,
ese que acompaña a la mirada,
al deseo,
al hambre insaciable de más:
más de tu mirada,
más de tus labios,
más de tu compañía.
Sujeto a ti, sin amarras,
atado a voluntad y de forma inevitable,
transito el mundo asombrado
porque hay nieve, hielo y fuego sobre la misma tierra,
sobre la misma tierra hay arena, mar y flores,
hay árboles, hierba, frutos y sequía,
sobre la misma tierra todo sucede
y también pasa la nada,
desperezándose de la vida misma que la impulsa.
El ir y venir del mar, del corazón,
sigue atándome a una realidad vastísima,
sin perdón, sin olvido, sin disculpas y sin reservas:
la vida sigue siendo una,
a un tiempo silencio y estruendo,
salvaje y delicada,
inicio de todo y final de lo mismo,
quietud en movimiento,
equilibrio dinámico,
impulso potencial,
inercia inerte.
