viernes, 3 de septiembre de 2021

Pantasma

Al llegar a casa, mi perra saltaba de un lado a otro de la cochera, por dentro de la reja, moviendo la cola, sacando la lengua, saltando tan alto como un basset hound puede saltar, emocionada de verme llegar.

Apagué el auto, baje de él con mi mochila, partituras, la guitarra, la ropa de la tintorería. Abrí la reja y entre a la casa. El silencio y la oscuridad me abrazaron. De memori recorrí la sala, la cocina y entré a la recámara. Guardé todo en su lugar y me recosté en la cama, sintiendo cómo la arritmia del corazón sincopaba con la alegría de ver a mi hermosa perrita.
Mi hijo me preguntó “¿Tú también la viste?”, “¿El qué?”, regresé la pregunta, “Pues a la perra, a la Aretha, corriendo en la cochera”, “No, Vinicio, nada vi”, “Pues ahí estaba, saltando y ladrando toda contenta porque llegaste”

El resto de la noche pasó casi sin incidentes excepto por dos. En la mitad de la madrugada, a las 3:36, el Vinicio me dijo, dormido “Ve a darle agua a la perra, acaba de tirar su traste”; más tarde me dijo “Ya no se oye nada, se me hace que ya se durmió ¿tú ya te dormiste?” le contesté que no y siguió “No te duermas, porque la perra quiere que juegues con ella”

La Aretha, nuestra perra, murió hace más de un año. La arritmia está más activa que de costumbre.

Jarrito

Jarrito de Barro

 "Todo cabe en un jarrito, sabiéndolo acomodar" Ella tiene la piel morena, los ojos grandes, grande la sonrisa, el cabello largo y...