Ella se sabe viva, aunque no sienta mucho o casi nada. Hay veces en que necesita sentir que muere para sentir que vive, en ese dolor, en esa angustia, en ese golpe de arritmias y adrenalinas es donde se sabe viva y sabe que la vida merece vivirse, ahí, cuando está casi todo perdido, en el paroxismo de los latidos y la piel.
La vida, una, le llena y rodea, palpita por dentro y se le desborda. Ella, la que sonríe con miradas calladas y levanta la voz con firmeza cuando hace falta, porque no tolera el abuso, la incongruencia, la injusticia.