Te recuerdo, con la poca imaginación que me va dejando esta memoria decadente. En ella se va diluyendo tu imagen día a día, como tintura que abandona el tejido, como humo que se disipa, como añil que se pierde en la corriente.
Cada día sale el sol por el mismo lugar, grados menos, grados más, a veces somnoliento y suave, a veces, atronador como risa de niño. Me arranca de la cama por el brillo y el calor. Entonces noto el tamaño de tu ausencia y me pregunto ¿cómo es que este abrazo te contenía, tu cuerpo de mariposa y hada, de ilusión y sueño pero es incapaz de abarcar, por más que extiendo los brazos y abro el pecho, la enorme delicadeza de tu ausencia?
Cada día, todos los días, mis latidos son una evocación de ti , de tu imagen, tu nombre, las sensaciones que provocaba tu mirada sobre mí, tu abrazo, tu risa.
La memoria se me va a ratos, estoy envejeciendo este recordarte. El brillo del sol me recuerda la luz de tu melena, su perfume, la dulzura de tu cuerpo dando alojamiento a mi deleite.
Te recuerdo, diariamente, porque gozo el juego de sentirme cerca, de abrazarte en mi interior, de saber que eres libre y decidiste acogerte en mi seno. Ya te olvidé y sin embargo te recuerdo.