He aquí que el mundo era mundo antes de que tomara conciencia de él, que la gente ya era así, tan gente como uno puede imaginar, desde antes de que yo gateara, que la vida ya tenía de todo y mucho más. Hubo alguien a quien invité a tomar carretera, hacer un viaje en tren, tomarnos de la mano, mojarnos en el mar, dormir bajo las estrellas. Hubo alguien a quien preparé hotcakes, crepas, sándwiches, ensaladas y pastas. Hubo a quien arropé en el invierno, a quien ayudé a buscar a su perro escapado de casa, a quien aconsejé cuando le hizo falta, para quien fui apoyo, cariño y compañía. Yo no sé lo que pasó. El futuro está ahí. El presente está aquí, revoloteando como una flama. El pasado, ya pasó.
Caí en cuenta de que cada persona tiene un completo derecho a pensar de mí lo que quiera y decir de mí lo que quiera. Que, por su propia salud mental, espiritual y emocional, puede alejarse y acercarse a mi cuando quiera y como quiera, son gente, es de humanos decir una cosa y hacer otra, contradictoria.
El privilegio de ser yo es exclusivo para mí.* Solo yo puedo amar libremente a mis amigos y conocidos como los amo y expresar este amor de todas las formas en que me sea permitido.
Ya viajé solo y acompañado y prefiero la compañía de los ojos verdes, grandes, asombrantes, de la voluntad firme y dispuesta, del compromiso y la exclusividad, de la alegría y la entrega.
Quiero ir de nuevo al mar a comer con mi jarrito de barro y beber de él hasta apagar toda la sed que me da la vida. No tengo tiempo de explicar, si no eres capaz de ver la brevedad de la vida, la impermanencia de las cosas, no puedo detenerme a decirte que dejes de temer y te entregues al amor. Que te entregues a la creación como antítesis del odio. Seamos felices, pues, hagamos música, hagamos el amor, hagamos la vida.
*El privilegio de ser yo es de cada yo. Nadie es más tú que tú. Cada uno de nosotros tiene el privilegio de su particular punto de vista, de su experiencia de vivir