Si vas a regalarme algo, regálame tu tiempo, tu atención indivisa por el rato que pases conmigo, que pueda escucharte, que puedas comprenderme, que nos acompañemos y nos entreguemos cinco minutos de paz. El mundo, afuera de tu abrazo, está ardiendo, sofoca con vapores hirvientes y polvos que cierran los pulmones y me ahogan.
Si vas a regalarme algo, dame tu presencia por completo, un abrazo fuerte que me recuerde que estoy aquí, ahora, no en el ensueño, no en mi imaginación fecunda.
O regálame tu ausencia, déjame libre de pensarte o sentir algo por ti. Que no recuerde tu cumpleaños o que no comes carne o piña o chocolate -¿Qué clase de salvaje no come chocolate?-
Si vas a aparecer, llega de cuerpo entero, de mente entera, de corazón completo. De otra manera, mejor no vengas.