Miro esos ojos suyos,
su cabellera envidiable;
sigo el contorno de su cuello,
la línea que va de los hombros a los dedos
y me siento transportado
a un mundo de confusión
en el que la imaginación me lleva
a donde la vida palpita sin pausas,
sin control, salvaje por completo.
En tus ojos me reflejo,
me miro en tus virtudes,
me veo en tus dudas,
me ahogo en la incertidumbre
de verte o no mañana.
Aún así,
disfruto la vida porque me veo en tus ojos
porque me acaricio en tu piel
porque me alimento de tus labios
porque tu canto me calma
porque tu silencio me cobija
porque tu ausencia, que creí un castigo,
me dio el regalo de una serenidad suprema