Vine de viaje. Tengo 7 hermanos. Vivo con mi hijo. Hay una o dos o tres personas a quienes importa que escriba con cierta frecuencia. Amo el agua, bañarme en el mar, en el río, en la alberca, en la tina de baño. Amo sentarme al sol, un ratito, o bajo la copa de un árbol, y beber una taza de café, un gran vaso de vino tinto, o una copa de frío Liebfraumilch, tan dulce y azul claro como los ojos de Diana.
Si por mí fuera, toda mi vida sería hacer música, escribir, ensayar, tocar, compartir con el público de esta ciudad y la siguiente y la siguiente. Visitar un país y luego otros, hasta darle la vuelta al mundo, regalándonos la oportunidad de latir al unísono por segundos, de ser una solo alma.
Vine sólo de paso, mis amigos cercanos viven muy lejos de mí. La magia del lugar que me vio nacer me llama con una profundidad ensordecedora. Canto a diario. Canto siempre. La Muerte es solo una puerta a la siguiente dimensión. La Eternidad es la única certeza. La perfección que tenemos en la cabeza no se asoma a la Perfección de existir: eres perfecto así como eres, corazón, vida mía, adoración de mi alma.
Vine de viaje. Aún no entiendo los usos y costumbres locales. Al menos descubro lo que sí me gusta: la comida local y la dulce belleza de las mujeres de Sinaloa, Sonora y Chihuahua.
Sólo estoy de viaje, solo.