En mi cocina hay sartenes de hierro fundido, 3. Uno grande, liso; otro, del mismo tamaño, con parrilla; finalmente, uno pequeño, para cuando el antojo de frijoles refritos en manteca de puerco, con chorizo y queso, es irrefrenable. Los grandes tienen alrededor de 30 cms. de diámetro; el pequeño, 15, suficientes para hacer las delicias de la casa. Trato de cocinar sin prisas pero sin pausas. Planeo las comidas de la semana, hago una lista de compras y, como si fuera la consumación de alguna profecía milenaria, los lunes son de fruta y vegetales verdes; los martes, de tacos; los miércoles de pizza, con costra de coliflor, salsa de tomate hecha en casa, champiñones, espinacas, queso feta agregado después de su paso por el horno; jueves de pastas, acompañadas por pollo, pescado o filete de res, queso y pimienta; sábados de papas con jamón, tocino, queso, hinojo, cebollín, perejil; domingos de buffet de recalentados. En esta casa todo sirve, todo ingrediente vive la magia de convertirse en alimento desde el amor.