Uno quisiera que el mundo se pareciera más a lo que la mente piensa. Qué tan afortunado o desgraciado es que no lo sea, no lo puedo saber. No importa. Lo que tiene importancia es lo que decidimos hacer con lo que tenemos a nuestro alcance, estas bendiciones diarias fuera de nuestro control, tan ajenas y tan propias como el cuerpo, la vida, el tiempo, la inteligencia, las emociones, el talento de cocinar, de cantar, de escribir, de abrazar, de consolar, de vivir aquí y hoy.
Si es verdad que elegí esta era, estos compañeros de viaje, estos retos para esta vida antes de nacer, debo agradecer a mi yo interior el amor con que diseñó está existencia.
Si fuera que existe un dios con un plan para mí, también tendría que agradecer la luz que derrama en mis pensamientos y acciones.
Pero si todo esto fuera fortuito y aleatorio, igual tengo tanto que agradecer a la vida por ser tan inconmensurable mente generosa conmigo.