Me tortura
el hábito de pensarte
de mirarte en el hueco de mis brazos
de verte al extremo de mi mirarte
es un dolor calcinante
de palabras que se callan
de caricias que nunca parten
que nunca llegan a ser realidad
así, igual tortura tu ausencia,
tu cuerpo y tu calor
que andar en otros campos...
así, igual tortura tu presencia,
mi pensarte a diario
mi desearte siempre
mi sentirte cerca
mezcla de dulce ensoñación
y amarga realidad que hiere...
Así, el mundo es un calvario
de ayeres que reverberan
de mañanas que se desdibujan
que se transforman a cada instante.
Respirar sigue siendo un privilegio.
Vivir, es un sueño intranquilo