yo estoy en lo más bajo de mi día,
me molesta la luz,
me molesta el ruido,
me molestan las molestas voces de la gente
que viene junto a mí o conmigo.
Todo se convierte en un piar desordenado
que fastidia el alma
y amarga el corazón.
Por eso, es que amo la costumbre de los pueblos,
de dejar al corazón en el descanso
en esa pesada hora del día:
cerrar los ojos,
respirar profundo
y disfrutar de unos minutos de sueña
que devuelven al alma su frescura virginal.
me molesta la luz,
me molesta el ruido,
me molestan las molestas voces de la gente
que viene junto a mí o conmigo.
Todo se convierte en un piar desordenado
que fastidia el alma
y amarga el corazón.
Por eso, es que amo la costumbre de los pueblos,
de dejar al corazón en el descanso
en esa pesada hora del día:
cerrar los ojos,
respirar profundo
y disfrutar de unos minutos de sueña
que devuelven al alma su frescura virginal.