Nuestro mundo está lleno de oportunidades de logro, oportunidades de frustración, oportunidades para adquirir experiencias de vida. La vida no enseña nada, sólo nos da la oportunidad para ser vivida.
En este año he aprendido a perder la paciencia, a ser intolerante, a dejar de soñar despierto, a ajustarme a tiempos y presupuestos. He descubierto que no me gusta el capitalismo como forma de vida. Prefiero la anarquía.
Este año hay gente que se ha comprometido conmigo a realizar trabajos, ensambles, reuniones, viajes y, por causas diversas, no han podido cumplir. Lo más peligroso, es que en ocasiones ha sido cuestión de voluntad.
Sí me siento frustrado, claro. Estoy cansado de ver desfilar oportunidades de vida y gente cobarde que aprovecha la ignorancia, prejuicios y compromisos de otros para ejercer su poder. He descubierto que el sueño de la vida está plagado de inconsistencias: decimos una cosa y hacemos otra; las razones, tantas como voluntades.
Sigo soñando, claro, en que las personas llegaremos a desarrollarnos para ser felices y hacer felices a los demás. Amo a mi familia, amo la música y trabajar con mis alumnos. Amo mi vida.
No soy una promesa, no soy el futuro, estoy aquí para ser, para crear, para crecer. Beligerante y todo. Todo un guachapori.
No sé, como cualquier niño en la escuela, las razones de lo que ocurre a mi alrededor, ni la intención de este maestro. Sólo sé que, después de todo, nada importa más que el amor que siento y comparto. Es lo único que me llevo.