martes, 28 de septiembre de 2010

Festejar o no festejar

Creo que nunca hay dilema cuando se trata de festejos, si es posible, doblemos la cantidad de bebida, comida y fiesta. En el caso del bicentenario de la existencia de este país como tal las posibilidades son infinitas.

Hay quienes, de nuevo, este año quieren festejar la ineficacia de nuestras autoridades -y de nosotros mismos- en el combate a la delincuencia organizada, con un grito silencioso por México.

Hay quienes creen que no tenemos nada que festejar, dado el clima de inseguridad en que estamos sumergidos, la falta de empleo y la ausencia de riqueza para todos.

Hay quienes creen que el presupuesto de casi 3 millardos de pesos son excesivos para el festejo y que nomás no se han visto.

Esta es una oportunidad histórica que, si no me equivoco, terminará en un amargo sabor de boca para muchos, mentiras blancas para otros y numerosos desacuerdos aún dentro de una misma familia. Esto es una muestra de lo que la democracia, la educación y la postura crítica le pueden hacer a un pueblo que no sabe más que quejarse de lo que su autoridad no hace.

Por lo pronto, yo voy por mi bandera, un traje de manta para mi hijo, unas trenzas decoradas con los colores patrios pa mi vieja y una matraca para armar tamaño revuelo. La parte de México que me toca mantener no es rica, pero sí que sabe festejar cuando la ocasión lo amerita. Esta es nuestra única oportunidad de festejar un centenario. Les aseguro que la vamos a aprovechar. ¡Feliz cumpleaños doscientos, mexicanos!

Jarrito

Jarrito de Barro

 "Todo cabe en un jarrito, sabiéndolo acomodar" Ella tiene la piel morena, los ojos grandes, grande la sonrisa, el cabello largo y...