viernes, 21 de enero de 2022

Cambios y permanencia

Tengo un gran dolor de cabeza. No me duele toda la cabeza, sólo una parte. Si trazan una línea desde el borde de la narina izquierda hacia arriba y van haciendo más profundo el trazo, podrán tener una idea de qué siento, como si me hubieran dado un hachazo y mi cráneo estuviera abierto.

El dolor es particularmente intenso bajo la ceja. No me duele el ojo, ni siento que sea el hueso. Tengo un gran dolor de cabeza, y no puedo dormir a consecuencia del mismo.

Entonces, escribo. Estuve intentando escribir "los versos más tristes esta noche" pero no se me dio, no tengo tristeza alguna. Aunque sí noté un dejo de indiferencia por mucho de lo que sucede a mi alrededor y pude iniciar esta canción:

A mí me pasa,
que no me pasa nada,
ni el sol, ni el viento,
ni frío, ni calor.

A mí me pasa
que no me pasa nada,
porque lo que me importaba
hace mucho que pasó.


Y en esas me quedé... y no por falta de disciplina, es que se me hizo curioso el ambiente deprimente que me rodea -no es que el mundo se haya puesto deprimente ¿a poco el Universo se va a poner a mudar de ánimos como si no hubiera otra cosa que hacer?- en todos lados son crisis, crisis, crisis. Estuve a punto de gritar "¡Arriba las Crisis!" pero un profundo sentido de no sé qué me hizo detenerme, tal vez no es el momento adecuado para andar con manifestaciones.

Lo que sí, es que la felicidad que me envuelve es cosa de todos los días para la vida: mi mujer y yo tendremos un varón, un milagro de la vida palpitando en nuestro hogar para acrecentar las dichas de que actualmente disponemos.

Espiritualmente, mis hijos son muchos. Afectivamente, unos cuantos. Pero la oportunidad que ahora se nos presenta, de ser responsables de una criaturita al cien por ciento es realmente abrumadora. Todos nuestros amigos y conocidos nos aconsejan "Duerman, porque una vez que nazca, ya no van a poder dormir" La mera verdad no es algo que me intimide, más bien debe ser un error de mi chamaco pensar que, siendo tan bueno para cerrar pestaña como soy, me vaya a levantar a media noche a cambiar pañal, dar de comer o ver si está bien... ¿estoy mal?. Yo no, ¡ese niño ocurrente que me escogió por padre!

Hay quien dice que los hombres no dejamos de ser niños. Yo me siento como de 8 años, según yo, la edad ideal de una persona: eres lo suficientemente inocente para creer que todos te dicen la verdad, eres lo suficientemente malicioso como para proteger tu integridad y eres también tan falto de vergûenza que no te da miedo intentar las cosas, equivocarte y continuar con tu vida. Bendita niñez.

Escribí en mi Facebook "El dolor más grande no es ocasionado por las pérdidas... sino por la certeza de que ese algo o alguien nunca fue nuestro, sino prestado" y me preguntaron que si se me había fallecido alguien. La verdad es que no. La frase obedece a la fragilidad de las relaciones cotidianas y al engaño que nos formamos en llamar a la gente MI familia, MIS amigos, MI amor, MI ciudad, MI país, MI mundo... como si realmente controláramos o poseyéramos algo de eso... pero es una ilusión.

La verdad es que la vida es tan frágil y hermosa que no se puede aprisionar en modo alguno. Yo quiero crecer junto con mi mujer y mi hijo -sólo para diferenciarlos de las otras mujeres e hijos- de modo que él sea feliz, ella sea feliz y yo sea feliz. La dificultad consiste en abandonar la ilusión de la seguridad, el control y el poder a cambio de la libertad de ser, pues el mundo está lleno de peligros, situaciones incontrolables y fenómenos avasallantes...

Creo que acabo de encontrar una buena causa para mi dolor de cabeza... voy a buscar algo de Valium. Nos vemos.

Jarrito

Jarrito de Barro

 "Todo cabe en un jarrito, sabiéndolo acomodar" Ella tiene la piel morena, los ojos grandes, grande la sonrisa, el cabello largo y...