contamos palabras y tiempo...
el corazón palpita
como una sola máquina indetenible,
improbable, imposible.
Uno, dos, tres,
y volvemos a empezar el tiempo,
apenas un respiro de mañana,
un pestañeo...
y luego la luz,
inundándolo todo...
el corazón palpita
como una sola máquina indetenible,
improbable, imposible.
Uno, dos, tres,
y volvemos a empezar el tiempo,
apenas un respiro de mañana,
un pestañeo...
y luego la luz,
inundándolo todo...