Los niños hicieron una visita al museo. Al volver, les pregunté cómo les había ido y qué les había parecido el museo.
-¿Cómo estuvo el museo, Jesús?-
-Chingón, profe-
-¿Cómo es eso, Jesús? No entiendo esa palabra-
-Pues chingón... que estuvo padre..., bien chido..., bonito..., divertido...-
-¡Ah, esas palabras sí las entiendo! Pero la otra no sé qué significa ¿no será una grosería? ¿quién la dice?-
-La dice mi papá-
-Pues pregunta a tu papá qué quiere decir con esa palabra y si es o no una grosería-
Unos días después vi de nuevo al niño en la escuela, acercándome, le pregunté si había interrogado a su papá.
-¿Qué te dijo tu papá, Jesús?-
-Que sí es una grosería-
-Bien, ahora tú decides si quieres ser un niño que diga groserías o no-
-No profe, no quiero ser un niño que diga groserías-
-Muy bien Jesús, ¿y por qué?-
-Porque se oye muy culero-
-¿Qué te dijo tu papá, Jesús?-
-Que sí es una grosería-
-Bien, ahora tú decides si quieres ser un niño que diga groserías o no-
-No profe, no quiero ser un niño que diga groserías-
-Muy bien Jesús, ¿y por qué?-
-Porque se oye muy culero-