Abrazo hoy mi pasión, por la mañana
y le digo: Buenos días, hermosa.
Con una de sus sonrisas,
de esas que desmayan y aniquilan,
aprieto el abrazo
y nuestra respiración es una sola.
Abrazo hoy mi pasión,
si es que es posible,
lo más cerca de mi cuerpo,
para hacernos uno solo,
uno nuevo,
sostenerla en sus caídas,
gozar sus alegrías
y compartir su llanto.